Mujeres con poder pero sin autoridad

Hollywood ya nos permite ver mujeres ocupando puestos de responsabilidad, quizá en mayor proporción que en la vida real. Pero si no son las protagonistas, este poder suele carecer de autoridad real.

Son muchos los ejemplos de este fenómeno en las series de televisión estadounidenses de los últimos años. Creo que una de las pioneras, y sin duda la primera en alcanzar el éxito, fue House (Fox, 2004). El protagonista que da nombre a la serie está a las órdenes de una jefa, en este caso la Directora del Hospital en el que ejerce, la Dra. Lisa Cuddy (Lisa Edelstein). Pero si algo está fuera de toda duda es que el que sabe es él. El que tiene la respuesta a todos los problemas, el que siempre acierta aunque para ello se tenga que saltar las reglas, es él. Ella en cambio es presentada como alguien que llegó más alto no por ser mejor médica, sino por ser más disciplinada y observadora de las leyes y las normas del Hospital. Lo cual es una interminable fuente de conflictos entre ambos, con House saltándose las reglas y Cuddy tratando de impedirlo. Cosa que nunca consigue porque él acaba teniendo la razón y salvando la vida del paciente. Recordemos que House está declaradamente inspirado en el personaje de Conan Doyle Sherlock Holmes, y su gran acierto fue presentar los casos médicos como tramas de una serie detectivesca. Y si House es Holmes, y Wilson es Watson, Lisa Cuddy ocupa el rol del Inspector Lestrade de Scotland Yard, competidor de Holmes (y beneficiario final de sus aciertos) que siempre se exasperaba al comprobar los métodos poco ortodoxos del Detective Privado.

Mujeres con poder pero sin autoridad

Lisa Edelstein (House), Jery Ryan (Shark), Maggie Lawson (Psych), Lauren Holly (NCIS)

Un par de años después la CBS buscó su House particular llevando el mismo esquema al mundo de los tribunales en Shark (2006), donde un abogado que se ha cansado de defender a tipos malos se convierte en un fiscal implacable. Una vez en la Fiscalía trabajará, como no, bajo las órdenes de una mujer, Jessica Devlin (Jeri Ryan), que no comparte las tácticas agresivas del protagonista.

También en 2006, Universal Studios busca su vuelta de tuerca sobre el investigador con extraordinarias dotes de observación y deducción, y aparece la serie Pysch, en la que un falso mentalista hace creer a la Policía que puede ser de ayuda en las investigaciones debido a sus dotes de vidente, cuando la realidad es que es más hábil y más listo que ellos. O más bien que Ellas, la Detective Juliet O’Hara (Maggie Lawson), cuyo rol ya nos podemos imaginar y, para reforzar el concepto (ya que O’Hara es a veces blanda), hay una jefa superior, Karen Vick (Kirsten Nelson). La CBS plagió el concepto pero con mucho más estilo y éxito de audiencia en The Mentalist dos años después.

Por último, la serie líder en los Estados Unidos desde hace varias temporadas, NCIS (CBS, 2003). Aquí el protagonista trabaja nada menos que para la Marina. Al comienzo de la serie su superior era un hombre. Pero en 2005, quién sabe si inspirados en la nueva serie que les pisaba los talones en los audímetros (House), el Director del NCIS pasa a ser la Directora, con la aparición de Jenny Shepard (Lauren Holly). No es difícil de imaginar lo complicado que lo tiene en un mundo de testoesterona como es el militar a la hora de hacer valer su autoridad.

Y son sólo algunos ejemplos. La cosa sólo cambia cuando Ella es la protagonista. Puede tratarse de una coincidencia. A los equipos de guionistas les han dicho que vayan incorporando personajes femeninos en puestos de autoridad y su imaginación les ha llevado por ese camino.

Pero la casualidad es doble si pensamos en quiénes ocupaban ese rol de jefe-sin-merecerlo-del-todo-por-una-cuota. Y veremos que en los años noventa casi siempre eran hombres de raza negra. A poco que pensemos nos acordaremos de dos o tres películas de esa década en la que el –blanco– detective enfurece una y otra vez por sus métodos poco ortodoxos al –negro– Jefe de Policía.

Sólo que ahora esta tentación de incorporar esta nueva forma de machismo subconsciente tiene un aliciente más para quien escribe las tramas; y es que en todas las series aquí mencionadas, aparte de que ellas son más guapas que ellos, hay una tensión sexual más o menos resuelta entre protagonista y jefa. Este cóctel acción-romance aún puede dar jugo y audiencia muchos años.

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No le preguntes a Mariano #NolepreguntesaMariano

Dos semanas después del fin de la Campaña Electoral los partidos políticos vuelven a quedar en evidencia en su actitud hacia las redes sociales y el periodismo.

Una vez más, termina el periodo electoral y los partidos y sus líderes abandonan las redes sociales y los diferentes inventos web que a los que parecían tan aficionados. El caso más evidente, quizá por ser el ganador, es el de Rajoy. Si durante la campaña su hashtag estrella en Twitter fue #preguntaleaMariano, también es verdad que ya era una ironía en sí mismo, pues se pasó los quince días sin dar una sóla respuesta en directo a los periodistas que le seguían en sus mítines. Twitter se convertía así en la única manera de preguntarle al candidato. Como ahora apenas lo usa, y cuando lo hace es para responder que no va a contestar, ni esa vía queda.

Después de ganar los comicios del 20-N ha tardado diez días en dignarse a hacer declaraciones públicas. Y lo ha vuelto a hacer sin admitir preguntas.

Los periodistas que no se sienten cómodos con esta política que les convierte en meros altavoces, quisieran poder aplicar el “sin preguntas no hay cobertura”. Pero explíquenle a los propietarios de los medios en los que trabajan que las declaraciones de todo un Presidente del Gobierno no van a ser recogidas.

Por eso recomiendo al Partido Popular que su nuevo TT sea #NolepreguntesaMariano.

Ya la calle se encargará de la respuesta.

Occupy Hollywood: los indignados USA llegan a las series

Llevan pocos meses pero hacen mucho ruido. Tanto que los guionistas de Hollywood ya cuentan con ellos como una realidad

El movimiento Occupy Wall Street ya no solo sale en la tele en los informativos. La semana pasada el canal CW estrenó el noveno capítulo de la segunda temporada de la serie Nikita looks to kill, que puede pasar a la historia como el primer producto de ficción made in Hollywood que hace mención al movimiento Indignado estadounidense.

El contexto en el que aparece es más o menos el siguiente: el villano de la serie ha compilado en un disco duro (black box) secretos de la Inteligencia americana que incluyen episodios de terrorismo de estado, corrupción a gran escala y otros elementos de las cloacas de la democracia.

En la secuencia en cuestión, este personaje pregunta retóricamente, mientras ve imágenes de manifestaciones y desalojos policiales, qué pasaría si el 99% tuviese acceso a la black box. “¿Harían vigilias con velas cantando el acumbayá? Lo dudo. Habría disturbios y quemarían el lugar”

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Quién necesita pagar por la publicidad en la era en la que los medios no contrastan las informaciones?

Cualquiera que lleve unos años navegando por internet ya se ha dado cuenta de la facilidad con la que las noticias se pueden propagar a nivel mundial, independientemente de si éstas son ciertas o no. Lo importante es el grado de impacto que una información pueda tener, no su veracidad.

También las causas son bien conocidas. Mucha de la información generada en la Red no proviene de fuentes “fiables” como los medios tradicionales. Pero los medios de comunicación impresos llevan años sacrificando la calidad de sus contenidos debido a su empeño por competir en internet, obsesionándose por recibir más visitas. Esto, sumado a la crisis de la publicidad de estos años y a la reducción de plantillas, convierte en demasiadas ocasiones a periodistas en meros repetidores y adaptadores de informaciones de procedencia ajena, casi siempre con menos tiempo del necesario.

Y en la industria del marketing, como no, han tomado buena nota y han descubierto un filón: cómo lanzar productos al mercado y que el público esté atento sin tener que gastar dinero en campañas publicitarias. Para mí una de las empresas que lo está aplicando estos años con más éxito es Ryanair, la compañía de vuelos de bajo coste. Lo hace periódicamente y con el mismo sistema, y los medios de comunicación caen en la trampa una y otra vez como borregos a cambio de un montón de “clics” en sus páginas web. Sin mucho esfuerzo, recordaremos noticias que hablan de que la compañía estudia cobrar por algún servicio que siempre ha sido gratis. El más célebre fue el que planteaba el pago de 1 libra por el uso de los lavabos del avión, pero otros como el pago extra para personas con sobrepeso también dieron la vuelta al mundo. Evidentemente, la empresa nunca llegó a aplicar estas medidas, pero dejaron en nuestras mentes la idea de que son capaces de cualquier cosa para abaratar el precio del billete. Y funciona. No invierten un euro en publicidad, pero es la primera compañía en la que muchos pensamos cuando oímos la expresión low-cost.

Dando un vistazo a los titulares recientes es fácil encontrar tres ejemplos que sigan el mismo método.

El jueves de la semana pasada los medios de comunicación españoles nos bombardearon durante horas con la que iba a ser la noticia musical de 2012: Mecano se reunirá para una gira. O eso es lo que afirmaba en su programa matinal de ABC Radio Jose Antonio Abellán. Durante horas esta información se difundió viralmente. Nadie que escuchase la radio, viese la tele o se conectase a internet durante esa mañana dejó de enterarse del notición. Ya por la tarde comenzaron los desmentidos, y la cosa fue perdiendo fuerza. Se trataba de un rumor (uno más de la lista de la exitosa formación madrileña desde su desaparición), pero consiguió poner el foco de la actualidad en un grupo que se disolvió hace más de una década. Y por supuesto, el desmentido no tuvo ni la mitad de efecto que el rumor, con lo que aún hoy mucha gente lo dará por bueno. Para qué? No me extrañaría que estas navidades nos encontrásemos con un nuevo recopilatorio de sus grandes éxitos. La propia cantante de Mecano, Ana Torroja, supone que tiene que ver con la reciente edición de un videojuego basado en sus canciones.

Días antes, el tema que escandalizaba en las páginas de sociedad era otro. Según un estudio, el regalo más solicitado por los niños para navidad era la nueva tablet de Apple. La noticia tenía jugo, y lo exprimieron: “ni muñecas ni camiones, los niños quieren un  Ipad“. Si rastreamos el origen de tan sorprendente estudio durante unos minutos en el buscador más común, la cosa se relativiza: Resulta que la consultora americana Nielsen le preguntó a 3.000 niños y niñas de EEUU qué aparato electrónico preferirían que les regalasen. De los cuales un 44% respondió con la susodicha tableta. En la cadena de propagación de la noticia, los titulares la fueron estilizando. Lo primero que sobraba es que era una encuesta sobre tecnología. Y de los niños norteamericanos (que ya es mucho decir viendo la baja cifra de encuestados)  se pasó a los niños a secas. Y de nuevo la campaña ha salido gratis.  El producto se ha instalado como posible regalo navideño (para adultos) y va perdiendo el perfil de ser sólo para ejecutivos.

Por último y entrando en temas más serios,  destacaré que esto también sirve para ejercer presión sobre decisiones políticas y económicas. Desde la unión monetaria de Europa y la creación de la zona euro no se había vuelto a hablar de la Europa de dos velocidades. Hasta que la agencia Reuters filtró un rumor en el que se sugería que Francia y Alemania lo contemplaban como posibilidad. El aluvión de desmentidos y reproches por parte de los propios Sarkozy y Merkel y el resto de autoridades comunitarias fue lo que devolvió este concepto a la agenda política, diez años después. Ya se debate sobre ello en los medios especializados y los políticos del norte de Europa lo rescatan en sus declaraciones. Y eso que era mentira.