Tantas Ministras como en 1996

Hay que remontarse hasta el gabinete nombrado en el año 96, cuando llegó a la Presidencia Aznar, para igualar la cifra de presencia femenina en el Consejo de Ministros del nuevo gabinete de Rajoy.

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La paridad que Rodríguez Zapatero instituyó en la composición del Consejo de Ministros no va a tener continuidad con el regreso al poder del PP. Mariano Rajoy reduce el número de ministerios, pero la proporción de mujeres baja mucho más, de 9 hombres y 7 mujeres del gabinete saliente a 9 contra 4 en el entrante. Supone así un retroceso de tres lustros en un camino que las mujeres comenzaron en el estado español hace 75 años.

En 1936, pocos meses después del golpe de estado militar, el socialista Largo Caballero formaba gobierno y llamaba a la anarquista Federica Montseny para la cartera de Sanidad y Asistencia Pública. Tras su salida del cargo el año siguiente, las mujeres tuvieron que esperar 44 años para repetir responsabilidad. Tanto los sucesivos gobiernos republicanos durante la Guerra Civil como los consejos de ministros de la Dictadura de Franco estuvieron formados exclusivamente por hombres. Fue el centrista Calvo Sotelo, Presidente del Gobierno entre 1981 y 1982 quien designó a Soledad Becerril como Ministra de Cultura de su gabinete.

Con la llegada al poder del PSOE en 1982 la presencia de mujeres, lejos de aumentar, desapareció. Felipe González formó consejos 100% masculinos hasta su sexto año de mandato, mediada la segunda legislatura, cuando designó como Portavoz del Gobierno a Rosa Conde y a Matilde Fernández Ministra de Asuntos Sociales. En su última legislatura como Presidente (1993-96) llegaría a su techo, contando con tres mujeres en el Ejecutivo.

Aznar mejoraría notablemente el promedio de González, pues en sus ocho años en el poder siempre hubo ministras, dos en el momento más bajo y cinco en el más alto.

Pero sería Zapatero el que pulverizase estos datos con su política de “Gobierno paritario”. La presencia de mujeres nunca bajó de seis y llegó a superar a la de hombres (o a igualarla, si incluimos al Presidente) en 2008, siendo nueve. Fue también la primera vez que una Mujer llegaba a la vicepresidencia del Gobierno.

La composición del nuevo gabinete que preside Mariano Rajoy supone un paso atrás en el camino hacia la igualdad de género en un terreno tan importante y tan simbólico como el poder político.

Sutiles formas de empequeñecer a las mujeres

El camino fue largo, pero las mujeres son hoy visibles en los gobiernos de los cinco continentes. Pero conservamos inconscientemente en el lenguaje pequeños restos de machismo que se niegan a aceptarlo.

Voy a citar las tres que más me llaman la atención: el diminutivo, el artículo y la belleza como mérito político.

El diminutivo

Aqui el paradigma es Argentina, el país que una mujer puede dirigir siempre que haya estado casada con un Presidente. Fue el caso de las dos mujeres de Perón (Evita e Isabelita) y ahora de la viuda de Kirchner, Cristina Fernández. Ésta última se ha librado de la diminutivización, y tras la muerte del flaco y su reciente y arrolladora mayoría absoluta se está consiguiendo librar de la sombra de su presencia.

Una derivada de esto es el uso del nombre de pila para ellas y del apellido para ellos. Se me ocurren, además de Cristina, Dilma, Esperanza, Hillary… en cambio en políticos sólo me viene a la cabeza Felipe, la excepción que confirmaría la regla.

El artículo

Está muy extendida la costumbre, tanto en el registro lingüístico común como en el que se escucha en las tertulias de los medios, el uso del artículo “la” antes del apellido. Tiene que ver con el anterior ejemplo: si no le podemos llamar por el nombre, porque suena demasiado familiar, pongámosle un la, cosifiquémosla. La Merkel y Sarkozy, nunca La Merkel y el Sarkozy, la Botella y Gallardón, la Cospedal… se libra Aguirre por la cacofonía quer se produciría con su primera inicial.

La belleza

Así como rara vez se destaca la belleza de un político, en las políticas es siempre un dato a tener en cuenta. Este post me vino a la cabeza tras ver el siguiente twit de un articulista al que sigo y con el que concuerdo en muchas cosas, Fernando Berlín, sobre la conveniencia de que Irene Lozano sustituyese a Rosa Díez como número uno de UPyD porque le parece más guapa.

Twit de Fernando BerlínSé que quien lo escribe es todo lo contrario de un machista, y supongo que por eso me llamó más la atención. Se lo hice ver en otro twit y amablemente me contestó:

@radiocablePero espero que renozoca que, puestos a buscar a alguien que supere en belleza a Rosa Díez, y si irse muy lejos, debería haberse fijado en alguien que lleva veinte años viviendo de su físico, Toni Cantó, independientemente de lo antipático que pueda resultar.

Desgraciadamente esta no era una reflexión aislada. Sólo hay que darse una vuelta por la caverna mediática para comprobar que la valoración estética de las mandatarias está a la orden del día.

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Actualización: Mientras escribía este post, el citado articulista cayó en la cuenta de la belleza de Cantó.

Mujeres con poder pero sin autoridad

Hollywood ya nos permite ver mujeres ocupando puestos de responsabilidad, quizá en mayor proporción que en la vida real. Pero si no son las protagonistas, este poder suele carecer de autoridad real.

Son muchos los ejemplos de este fenómeno en las series de televisión estadounidenses de los últimos años. Creo que una de las pioneras, y sin duda la primera en alcanzar el éxito, fue House (Fox, 2004). El protagonista que da nombre a la serie está a las órdenes de una jefa, en este caso la Directora del Hospital en el que ejerce, la Dra. Lisa Cuddy (Lisa Edelstein). Pero si algo está fuera de toda duda es que el que sabe es él. El que tiene la respuesta a todos los problemas, el que siempre acierta aunque para ello se tenga que saltar las reglas, es él. Ella en cambio es presentada como alguien que llegó más alto no por ser mejor médica, sino por ser más disciplinada y observadora de las leyes y las normas del Hospital. Lo cual es una interminable fuente de conflictos entre ambos, con House saltándose las reglas y Cuddy tratando de impedirlo. Cosa que nunca consigue porque él acaba teniendo la razón y salvando la vida del paciente. Recordemos que House está declaradamente inspirado en el personaje de Conan Doyle Sherlock Holmes, y su gran acierto fue presentar los casos médicos como tramas de una serie detectivesca. Y si House es Holmes, y Wilson es Watson, Lisa Cuddy ocupa el rol del Inspector Lestrade de Scotland Yard, competidor de Holmes (y beneficiario final de sus aciertos) que siempre se exasperaba al comprobar los métodos poco ortodoxos del Detective Privado.

Mujeres con poder pero sin autoridad

Lisa Edelstein (House), Jery Ryan (Shark), Maggie Lawson (Psych), Lauren Holly (NCIS)

Un par de años después la CBS buscó su House particular llevando el mismo esquema al mundo de los tribunales en Shark (2006), donde un abogado que se ha cansado de defender a tipos malos se convierte en un fiscal implacable. Una vez en la Fiscalía trabajará, como no, bajo las órdenes de una mujer, Jessica Devlin (Jeri Ryan), que no comparte las tácticas agresivas del protagonista.

También en 2006, Universal Studios busca su vuelta de tuerca sobre el investigador con extraordinarias dotes de observación y deducción, y aparece la serie Pysch, en la que un falso mentalista hace creer a la Policía que puede ser de ayuda en las investigaciones debido a sus dotes de vidente, cuando la realidad es que es más hábil y más listo que ellos. O más bien que Ellas, la Detective Juliet O’Hara (Maggie Lawson), cuyo rol ya nos podemos imaginar y, para reforzar el concepto (ya que O’Hara es a veces blanda), hay una jefa superior, Karen Vick (Kirsten Nelson). La CBS plagió el concepto pero con mucho más estilo y éxito de audiencia en The Mentalist dos años después.

Por último, la serie líder en los Estados Unidos desde hace varias temporadas, NCIS (CBS, 2003). Aquí el protagonista trabaja nada menos que para la Marina. Al comienzo de la serie su superior era un hombre. Pero en 2005, quién sabe si inspirados en la nueva serie que les pisaba los talones en los audímetros (House), el Director del NCIS pasa a ser la Directora, con la aparición de Jenny Shepard (Lauren Holly). No es difícil de imaginar lo complicado que lo tiene en un mundo de testoesterona como es el militar a la hora de hacer valer su autoridad.

Y son sólo algunos ejemplos. La cosa sólo cambia cuando Ella es la protagonista. Puede tratarse de una coincidencia. A los equipos de guionistas les han dicho que vayan incorporando personajes femeninos en puestos de autoridad y su imaginación les ha llevado por ese camino.

Pero la casualidad es doble si pensamos en quiénes ocupaban ese rol de jefe-sin-merecerlo-del-todo-por-una-cuota. Y veremos que en los años noventa casi siempre eran hombres de raza negra. A poco que pensemos nos acordaremos de dos o tres películas de esa década en la que el –blanco– detective enfurece una y otra vez por sus métodos poco ortodoxos al –negro– Jefe de Policía.

Sólo que ahora esta tentación de incorporar esta nueva forma de machismo subconsciente tiene un aliciente más para quien escribe las tramas; y es que en todas las series aquí mencionadas, aparte de que ellas son más guapas que ellos, hay una tensión sexual más o menos resuelta entre protagonista y jefa. Este cóctel acción-romance aún puede dar jugo y audiencia muchos años.

Fraga Iribarne y la Violencia Machista

El Ayuntamiento de Santiago de Compostela ha escogido el Día Internacional contra la Violencia contra las Mujeres para inaugurar la calle dedicada a Manuel Fraga

Resulta paradójico. El 25 de noviembre es desde hace años una fecha señalada para recordar la violencia de todo tipo que es ejercida contra las mujeres por el mero hecho de serlo, debatir sus causas, alertar de sus síntomas y buscar el camino hacia su desaparición.

Sin embargo, Xerardo Conde Roa, el flamante alcalde popular de Santiago, ha escogido esta fecha para inaugurar la avenida que lleva el nombre del expresidente de la Xunta de Galicia y exministro de la Dictadura Manuel Fraga Iribarne. Este alcalde, que estos días demostró su falta de discriminación por razón de género a la hora de ejercer la violencia contra su ciudadanía, homenajea ahora a uno de los personajes de la política española con mayor historial en manifestaciones machistas y vejatorias para las mujeres.

Mucha gente recuerda cuando, preguntado por el grado de acierto de las encuestas pre-electorales, señaló que muchos ciudadanos no dicen lo que piensan, al igual que si a una mujer le preguntan con cuántos hombres se acuesta, no suele dar una respuesta absolutamente certera. También son célebres las alusiones de Manuel Fraga a una diputada socialista en el Congreso, Clementina Díez, de la que dijo que lo único interesante que esa señora exhibió fue su escote, tras una comparecencia como portavoz de Educación en la cámara. Más tarde se negaría a disculparse por ser una anécdota y una simpática alusión a los atributos de una dama.

Y es que cada vez que el veterano político lucense abre la boca para referirse a temas relacionados con la sexualidad, nos retrotae al nacional-catolicismo: la homosexualidad es una anomalía, los medios de control artificial de la natalidad provocan el envejecimiento de la población, y la Ley de Manitromino Gay es asquerosa. Por no hablar de su célebre me moriré sin haberme puesto un condón.

Desde hoy, las compostelanas que decidan visitar la Cidade de Cultura tendrán que atravesar la avenida Manuel Fraga. Y si deciden hacerlo caminando y de noche, que tengan cuidado. El propio Fraga, al ser preguntado sobre la responsabilidad de las mujeres cuando son víctimas de violación, tiró del repertorio más machista del Refranero Popular: Mujer que al andar canea, y al mirar sus ojos mece, yo no digo que lo sea… pero sí que lo parece.